PARTE 1: El negocio injusto (o el alto precio del FSD)

Imaginemos por un momento, que le proponen un negocio. Su socio ofrece conocimiento y experiencia, usted ofrece financiar el íntegro de la operación. ¿Cómo pensaría que se debería repartir las ganancias obtenidas?

  • ¿Igual para ambos?
  • ¿Más para el que financió?
  • ¿Una mayor proporción para el que conoce el mercado, pero no tiene el capital?

La mayoría de las personas que me han respondido a esta pregunta optan por la primera alternativa como la más justa, entre los dos socios, deberían de repartirse las ganancias en mitades. EL que conoce el mercado sin dinero no puede desarrollar el negocio; el que pone el capital sabe que su dinero no produciría sin el conocimiento y experiencia de aquel que conoce el negocio.

Otro grupo por el contrario afirma que una mayor participación debería tener aquel que coloca el capital, dado que el que corre los riesgos es la persona que pone el capital y es éste el factor más importante.

Pues bien, existe un negocio en nuestro país en donde aquel que coloca el capital recibe 10% de la ganancia, mientras que el que conoce el mercado recibe el 90%. Este negocio se conoce como los depósitos en el sistema financiero (cuentas de ahorro y a plazos).

Nuestro sistema financiero actual grosso-modo está distribuido de la siguiente manera (saldos promedios trimestrales del año 2018 en millones de USD):

Si observamos estas cifras el 100% de las operaciones de crédito de nuestro sector financiero “tradicional” (bancos, financieras, cajas y edpymes) se cubren en su totalidad con las obligaciones con el público (es decir depósitos a la vista, de ahorro y depósitos a plazo). Otro dato interesante es el elevado nivel de liquidez que tienen las empresas actualmente (dinero para hacer negocios y la baja dependencia que se tiene de las líneas del exterior (aproximadamente PEN 28,500 millones de soles más los PEN 9,178 millones – Adeudos y obligaciones financieras más depósitos del sistema financiero y fondos interbancarios).

Podemos decir, que los depósitos a plazos en nuestro sistema financiero equivalen a un negocio donde un socio coloca el 100% del dinero y el otro es el que hace el negocio. En realidad, hoy en día los bancos podrían prescindir de estas cuentas y reducir el alto nivel de liquidez que tienen y que no genera ingresos financieros. Inclusive en promedio el nivel de liquidez existente del año 2018 supera ampliamente el encaje exigido a las instituciones financieros

¿Es que acaso el dinero no cuesta? Si revisamos la tasa promedio activa y pasiva del 2018, podemos observar lo siguiente:

La tasa activa es aquella que las entidades financieras cobran en las operaciones crediticias que financian. La tasa pasiva es la tasa que se paga a las personas por los depósitos de efectivo realizado a la entidad financiera en todas sus modalidades.

Es decir, podemos decir que el ingreso total del negocio del préstamo es la tasa activa, la cual debe repartirse entre el que opera el negocio y el que lo financia (no estamos incluyendo aquí las comisiones que cobran en los financiamientos ni el mantenimiento y portes de mantener una cuenta de depósito).

Por ejemplo, para soles la situación es como sigue:

Mientras que para dólares:

En otras palabras,  ni en soles o dólares los socios financieros obtienen el 50% de los ingresos obtenidos. En promedio, las entidades financieras reciben en soles 5 veces los que pagan a quienes les proporcionan el capital, mientras que en dólares 10 veces.

¿Es eso justo?

Lamentablemente, nuestro sistema financiero dista mucho de ser un sistema perfecto basado en la competencia perfecta entre entidades financieras. Tenemos una gran concentración de las operaciones y de los depósitos en 4 entidades principales, las cuales también controlan a las principales compañías de seguros y muchos de ellas controlan también a su AFP. Esta situación les permite tener acceso a una gran cantidad de recursos financieros, lo que ocasiona que no haya una real competencia en las tasas pasivas, por lo tanto, no hay interés en mejorar la oferta al ahorrista.

Por otro lado, dado el bajo nivel de conocimiento financiero y la poca difusión que se hace de productos alternativos y de inversión, los ahorristas prefieren “ir por lo seguro” y dejar su dinero en entidades que les brinden “seguridad”. Cabe destacar que las personas se acuerdan aún del escándalo de CLAE (ocurrido en 1992) pero muy pocos se acuerdan que alguna vez existió un banco Orión, del Progreso, NBK Bank, Latino, del Nuevo Mundo, ni del rescate del Banco Wiese. Peor aún la intervención en Caja Luren pareciera un recuerdo muy, muy lejano.

¿La ilusión del FSD o de la imagen?

La primera explicación por la cual imaginamos que las personas están dispuestas a sacrificar parte de su ganancia es la FSD o Fondo de Seguro de Depósitos. El Fondo de Seguro de Depósitos es una protección que tienen los ahorristas de las entidades financieras supervisadas (como las analizadas) que protegen los depósitos de las personas naturales hasta aproximadamente un monto cercano a los 100 mil soles. Si tienes más que este monto en una cuenta de ahorro, deberá de espera a la liquidación de los activos para recupera los saldos disponibles en caso de que la empresa financiera sea cerrada.

Pero a pesar del FSD, las empresas financieras que más tasa ofrecen por los depósitos no son las que más captan depósitos del público. Hay una percepción de la imagen que proyecta la entidad financiera en la mente de las personas que lo convierte en un imán que hace que las personas sacrifiquen rentabilidad, aún cuando esa rentabilidad no cubre siquiera la tasa de inflación, es decir en términos prácticos prefiero la sensación de seguridad, aunque en realidad pierda valor real por mi dinero.

Continuara……

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