¿Qué creencias nos impiden acceder a la verdadera abundancia?

Cuando pensamos en abundancia, solemos asociarla de inmediato con el dinero, con la cifra que aparece en nuestra cuenta bancaria. Sin embargo, la abundancia no solo es la cantidad de dinero que tengo en mi cuenta bancaria, porque creemos que si somos abundantes es porque tenemos ‘x’ cantidad de dinero y no es así. La abundancia es un estado mucho más amplio y profundo; es un todo que se expresa en tres dimensiones esenciales de la vida: la profesional/familiar, la salud y lo espiritual.

El punto de partida es reconocer que por eso no tenemos el dinero que quisiéramos tener, no tenemos los resultados en nuestra vida que quisiéramos tener. Estas limitaciones no siempre provienen de la falta de oportunidades, sino de nuestras propias creencias y de la forma en que nos relacionamos con cada área de nuestra vida. Si estoy bien en estas tres áreas, va a llegar la abundancia del dinero, porque si tengo salud tengo la posibilidad de generar un negocio. Cuando una persona se siente tranquila, en equilibrio, y no actúa desde el afán de desespero o ansiedad, su capacidad de pensar y crear se expande. Surge entonces la posibilidad de emprender desde la pasión auténtica, no desde la necesidad.

El ejemplo del negocio de moda lo ilustra con claridad: si alguien decide emprender en un rubro que le encanta -por ejemplo porque “me gusta la moda, me gusta el diseño, siento que tengo un buen gusto”– es natural que las cosas empiecen a fluir. “Consigues los profesionales que están alineados contigo, llegan las personas que te van a alinear, todo empieza a fluir”. Pero la experiencia cambia radicalmente cuando se emprende desde la carga de creencias ajenas: “el negocio textil es difícil, tenemos una competencia china que no nos deja crecer, esos profesionales no son éticos, te van a robar, te va a ir mal, no vas a tener la rentabilidad que quieres tener”. Estas creencias, heredadas de familiares o conocidos, llevan a que la persona declare: “mejor ya no hago ese negocio porque es muy difícil de hacer”.

Sin embargo, surge la pregunta clave: “¿Pero realmente es difícil?” La respuesta es no, al menos no en el sentido absoluto que la creencia heredada pretende imponer. Porque “a ti te gusta la moda, disfrutas la moda”, te gusta atender, observar cómo se viste la gente, ayudarla a empoderarse, a “que irradien”. Pero esa vocación se bloquea cuando “una creencia que viene de un familiar o un amigo” invalida el sueño. Así, bloqueas y borras tu negocio, tu sueño porque ya lo viste difícil, pero es difícil en base a la experiencia de otra persona… mas no porque tú no has experimentado.

Por ello, “la abundancia viene de que si a mí me gusta, si yo creo en mí, confío en mí y trabajo mis limitaciones, mis creencias de la escasez, del no soy capaz, del no puedo, del es difícil, no estoy preparado para tener un negocio exitoso, no sé si me va a ir bien”. Estas conversaciones internas son las que detienen el paso decisivo, especialmente cuando se comparten con personas cercanas: “tu mamá o tu papá te van a decir: no hijito, acuérdate lo que te pasó”. Pero todo comienza en el pensamiento. “La palabra tiene poder, tus pensamientos son creadores, tus pensamientos son semillas creadoras.”

La abundancia, entonces, no es una meta financiera: es un estado interior. Es el resultado de alinear lo que somos, lo que pensamos y lo que creemos posible. Cuando la vida profesional y familiar, la salud y la espiritualidad encuentran su equilibrio, la abundancia fluye naturalmente porque hemos dejado de obstaculizarla con creencias heredadas y la abrimos con confianza en nuestras propias capacidades.

Janeth Parra

Gerente Comercial

INANDES Grupo Financiero

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